Evolución histórica de la cabina telefónica

cabina telefonica. Evolución histórica de la cabina telefónica. La cabina telefónica, es un producto que presenta una breve historia, y a través de ella no se observan cambios bruscos, ni tampoco una amplia gama de variantes.

Título: Evolución histórica de la cabina telefónica

Evolución histórica de la cabina telefónica

La cabina telefónica, es un producto que presenta una breve historia, y a través de ella no se observan cambios bruscos, ni tampoco una amplia gama de variantes.

En este informe, se han tomado como referencia las cabinas juzgadas por el autor como las más representativas a lo largo del tiempo.

En general, el mobiliario investigado no aumenta la saturación de las vías públicas (ya muy congestionadas), aunque la utilización constante a cargo de una elevada multitud explica la corta vida de muchos elementos (su desgaste es en parte debido a la sobreexplotación y al abuso, no siempre a un mantenimiento deficiente).

Es preciso tener en cuenta cómo percibe el hombre la realidad que lo rodea (impresiones sensoriales, impactos anímicos, saturación informativa...) y hechos menos subjetivos referentes a su simbiosis con ella (desenvolvimiento respecto a las circulaciones, los objetos, el equipamiento en general).

En cuanto al aspecto comunicacional, la evolución del producto parece haber cambiado de rumbo, es decir que, el avance no está en cuánto más expresa el producto su función, sino en como lo logra. Se observa en el gráfico comparativo, que una cabina antigua, como por ejemplo la “tipo inglesa”, tiene el mérito de ser fácilmente reconocida por el usuario, como consecuencia de ser un producto tradicional. Nació en Inglaterra, hace ya más de 50 años y se fue expandiendo por el mundo. Tiene también la ventaja del progreso, a pesar de mantener su forma tradicional, muchos fabricantes adoptan para su fabricación nuevos materiales, mejorando así sus prestaciones, desde la parte acústica hasta una mejora en el acabado y la pintura, que protegerá al material de la estructura y prolongará su vida útil. El mismo caso se observa en la cabina típica americana de metal.

Imagen de la tradicional cabina inglesa
Imagen de la tradicional cabina inglesa
:Esta réplica de cabina inglesa se fabrica en madera de roble, el letrero del frente pude individualizarse (13 opciones); incluye luz, ventilador, alfombra y vidrio de seguridad.

Otras cabinas logran una buena captación de su función por razón de la sencillez de su forma, un objeto que estéticamente puede resultar poco seductor, no necesariamente es poco expresivo. Incluso cuando posee secciones transparentes, deja ver al teléfono haciendo que sea inconfundible con otro elemento de mobiliario urbano.

Un método también muy visto, especialmente en los últimos modelos, es pintar a la cabina con los colores que identifican a la compañía telefónica. Normalmente está presente el nombre de la compañía o al menos su logotipo.

A la hora de realizar un análisis formal, hay una realidad cruzada, en la que también participa activamente la tecnología aplicada al producto, tanto en materiales como en procesos. Si bien la extensa variedad de materiales disponibles permite producir casi cualquier tipo y/o alternativa de diseño, hay varias situaciones (detalladas a continuación) que mantienen la estabilidad en las formas. Por estabilidad de formas compréndase que no hay cambios radicales o extremadamente abruptos entre modelos o épocas.

En primer lugar siempre aparece el factor “Costo”, no siempre se trata del propio valor del material, sino de lo caro que puede ser el proceso de fabricación, o la adaptación del material al diseño en cuestión.

Imagen de una cabina contemporánea de la empresa Telefónica
Imagen de una cabina contemporánea de la empresa Telefónica
:Esta cabina presenta algunas cualidades interesantes, como la buena adaptabilidad al entorno, ya que se adecua a casi cualquier arquitectura. El aspecto de comunicacional está bien cubierto y cuenta con tecnología de materiales que la hace duradera y resistente a diversas situaciones, como el vandalismo. Lo malo es que funcionalmente no satisface a todas las necesidades que un usuario puede esperar, como aislamiento acústico y protección en días de lluvia.

Otra circunstancia que condiciona al diseño, es el entorno en el que se sitúa al producto. El mobiliario urbano, en este caso las cabinas telefónicas, debe tener la capacidad de adaptarse al medio, tanto a otros productos ya presentes de mobiliario, como a la arquitectura presente. La forma del diseño no debería aparecer como algo ajeno o extraño al entorno, a pesar de que sí debe marcar sutilmente su presencia. Entiéndase por sutilmente que, el producto sea visto por quién lo necesita, no que resalte exageradamente sin motivo funcional.

Y por último se llega, tal vez a lo principal, pero injustamente relegado. En el planteamiento de diseños debería rescatarse la idea primaria de funcionalidad: es preciso que el mobiliario urbano se ajuste a las necesidades humanas y dé solución práctica a requerimientos concretos. Asimismo, debe extorsionar lo menos posible la amplitud de los espacios, y contribuir a la movilidad y facilidad de visualización del peatón.

A menudo, el entorno inmediato no es el más indicado para la forma de vida actual, ya que impone falsas prioridades, obstaculiza maniobras y evidencia un empobrecimiento por contaminación visual. Así, como consecuencia del exceso y mala disposición de carteles, imágenes y colores excesivos (las señales informativas se encuentran a nivel del primer piso de los edificios), los transeúntes soportan mensajes altamente agresivos, según conveniencias propagandísticas o de cualquier otra índole.

En lo que se refiere a la adaptabilidad al medio, la evolución parece no tomar el rumbo esperado, para el contexto actual de la ciudad. Se supone que algo que se adapta, no lo hace solo en el ámbito formal, sino que se adapta a las necesidades de las personas, que son quienes interactúan con los objetos. Porque si se piensa bien, a veces un producto que no es estéticamente el más atractivo, si satisface concretamente las necesidades de la persona que lo necesita.

Precisamente, si las grandes urbes cuentan cada vez con más habitantes en menos espacio físico, y con mayor número de elementos en él, el nuevo producto debe adecuarse a las necesidades que esas condiciones requieren. Sea una cabina telefónica o cualquier elemento de mobiliario urbano, no se trata de que este cumpla su función específica y nada más, sino que debe ser un aporte para remodelar y reconfigurar nuestro hábitat, volviéndolo más eficiente y ameno.

Surge ahí, la temática acerca del diseño exclusivo, que decrece progresivamente con los años. Un mismo diseño puede ser visto en distintas ciudades o incluso continentes, y así es como la identidad de las ciudades desaparece poco a poco. Y no es ésta la única problemática a tratar. Un diseño que fue concebido para una ciudad con sus necesidades, no necesariamente puede satisfacer las necesidades de otra ciudad con características distintas.

© Adrián Blanco 2001 – Prohibida la reproducción total o parcial sin consentimiento explícito del autor.